domingo, 6 de enero de 2019

Sobre la Epifanía y mi Estrella

Hace años que cada 6 de enero releo los mismos textos. Y hoy no fue la excepción. Pero le sumé uno que me llegó estos días, en el momento justo, retomando algunas ideas de los anteriores y con el plus de mi momento existencial actual. Todo eso lo compilé en un posteo titulado "De Reyes Magos y Estrellas", y del que recomiendo su orante lectura.
Pero empecemos por el Evangelio de hoy: "La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino."
Hace 3 días escribí "Acercarnos a Jesús". Allí decía "Pero lo que más me impactó fue releer eso de "aunque vos pienses que yo soy el que te acerca a Jesús...". Esa misma idea aparece en varias de tus cartas. Y sé bien por qué lo decías. Pero en estos meses, te lo aseguro, me dí cuenta que sos vos la que me acerca a Jesús.". Si bien hace más de 20 años yo fui tu estrella, desde hace unos meses vos sos la mía. Ese acercarnos a Jesús, a la luz de la epifanía, es un guiarnos a Jesús.
Todas las noches me acuesto en el patio a mirar las estrellas. Entre todas, miro una estrella. La que más brilla. La que más me brilla. Y te hablo. Y dialogamos, a nuestra manera. Y en estos tres días el mensaje es siempre el mismo: abandonate en las manos de Dios. Sos mi Estrella, la que me orienta, la que me lleva (nuevamente, siempre) a Dios. 

"En nuestra vida suelen suceder hechos cargados de sentido que reclaman nuestra atención. Ciertamente si uno no se pone a investigar, a ver qué quiere decirnos Dios, vive más tranquilo, no se cuestiona, no se hace problemas. Pero no avanza, se mueve en un horizonte estrecho, mezquino, sin dimensiones, y se priva de lo que le ofrece su capacidad para progresar.
Los magos estaban a la espera. Aguardaban. Y cuando apareció algo en su cielo, comprendieron que era el signo. No dudaron. No se dejaron enredar con falsas hipótesis. Iniciaron una larga caminata cargando el deseo de cumplir la voluntad de Dios, y de seguir adelante pese a todos los sacrificios que tal decisión implicaba.
En la vida hay que seguir una estrella. Un ideal. Un proyecto de vida. Un modelo de santidad. Esa es la estrella que brilla para nosotros en nuestro cielo azul. Y hay que seguirla a pesar de todos los sacrificios que impone.
Jesús nos espera al final."

"La estrella es para nosotros cada llamada del Señor a través de diversos signos que nos invitan a la primera conversión o a superar una etapa en la vivencia de la fe. Esa estrella puede ser una desgracia o un fracaso que nos invita a renunciar a los ídolos y a confiar en el que tiene palabras de vida eterna (Jn 6,68)... 
Quizás nos digamos: “Bueno, yo ya soy creyente, soy cristiano practicante, de modo que el mensaje de este relato no tiene nada que ver conmigo…”. La fe es un éxodo. Hay que partir muchas veces. La fe no es algo que se tiene como una joya en un cofre; es una relación de amistad y de comunión con el Señor y, a través de él, con el Padre y el Espíritu. Tal relación no está nunca hecha del todo, ha de estar en constante crecimiento.
La vida cristiana es una llamada a superar etapas. Dios nos hace sucesivas invitaciones a partir…
Aquel ideal que veíamos con tanta claridad parece oscurecerse. Se pueden apoderar de nosotros el cansancio y la insensibilidad. Tal vez seguimos caminando, pero la vida se hace cada vez más dura y pesada. Ya sólo nos agarramos a nuestro pequeño bienestar. Seguimos “tirando”, pero, en el fondo, sabemos que algo ha muerto en nosotros. La vocación primera parece apagarse. Es precisamente en ese momento cuando hemos de escuchar esa “segunda ilamaüa” que puede devolver el sentido y el gozo a nuestra vida. Precisamente los magos encarnan la figura del hombre o de la comunidad que atisba la llamada de Dios en los signos de los tiempos, en los hechos de su vida, en “estrellas” que invitan a caminar. Es el “kairós”, la oportunidad que Dios nos ofrece...
La Palabra nos urge, pues, a preguntarnos: ¿Qué estrella o estrellas han aparecido en mi entorno que me provocan éxodo? ¿Hacia dónde me guía esa estrella o estrellas para entablar una nueva relación con el Señor y un modo nuevo de ver y vivir?...
Ser testigo es llevar una vida que resulte inexplicable sin Dios.
La Epifanía es mucho más que una fiesta folclórica e infantil. La figura simbólica de los magos nos invita a seguir buscando a quien ya hemos encontrado por la fe; nos invita también a proclamar con nuestra vida, sobre todo, que Jesús es de verdad nuestro Salvador y Liberador. Charles de Foucauld repetía enardecido: Que nuestra vida grite el Evangelio."

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