martes, 22 de enero de 2019

Amar y Sufrir

Tengo una certeza: amar es sufrir pero no amar es morir. Ciertamente que amar también,y principalmente, nos hace felices. Pero no todo es un camino de rosas. O sí, pero con todas y cada una de sus espinas...
¿Pero qué extraño vínculo hay entre amor, felicidad, sufrimiento y dolor? Cleve Staples Lewis, el afamado escritor inglés, dice que el dolor de mañana es el precio que hay que pagar por la felicidad de hoy. Por ejemplo, uno sufre cuando muere un ser querido porque junto a él era feliz. Se refiere, más que nada, a una pérdida. “El dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces, ese es el trato”, escribió. "Nadie nos advirtió que extrañar es el costo que tienen los buenos momentos", agregó años después Mario Benedetti.
Otras veces, el sufrimiento es por un amor no correspondido. Uno busca pero no encuentra. No hay pérdida alguna. El enamorado que, a su vez, desea ser amado infructuosamente. Aunque, llegado, el caso, si en un futuro ese amor se concreta produce una relectura del pasado que da sentido al dolor. Francisco Bernárdez lo pinta a la perfección en su Soneto:

Si para recobrar lo recobrado
Debí perder primero lo perdido.
Si para conseguir lo conseguido
Tuve que soportar lo soportado.

Si para estar ahora enamorado
Fue menester haber estado herido.
Tengo por bien sufrido lo sufrido,
Tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
Que no se goza bien de lo gozado
Sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
Que lo que el árbol tiene de florido
Vive de lo que tiene sepultado.

Hago aquí un breve paréntesis para afirmar que la vida es espera. El encontrar, o no, lo que se busca da sentido a la búsqueda. El que llegue, o no, lo esperado da sentido a la espera. El futuro resignifica el pasado. Si llega lo esperado fue una espera fructífera; si no llega es una decepción. Ahora, algunos exageran esta postura y piensan que si el placer es la búsqueda y no la obtención, hay que prolongar la búsqueda. Se saborea esta espera y se llega a pensar que es mejor que el encontrar lo que tanto se busca. “Dime que no”, diría Arjona.
Pero si vamos a citar cantautores, vayamos elevando el nivel. "Amar aunque te duela siempre es bueno", canta Diego Torres. “Y qué? Si el amarte me cuesta la vida... ¿Y qué? Si te amo y arriesgo mi vida”, agrega Axel. Y, para cerrar, el gran Abel:“no confundo estar solo con estar sin vos porque estar sin vos es peor... que estar solo”.
“El que se arriesga a amar, se compromete a sufrir. Pero sufrir por amor vale la pena”, suele decir Mamerto Menapace. Una pareja que se casa sabe que, muy probablemente, llegue el momento en que uno de los dos sobreviva al otro. Y si esa pareja fue feliz en su vida juntos, esa partida, esa separación, será motivo de dolor para el que quede por estas tierras. “Por supuesto que te haré daño. Por supuesto que me harás daño. Por supuestos que nos haremos daño el uno al otro. Pero esta es la cuestión misma de la existencia. Para llegar a ser primavera, significa aceptar el riesgo del invierno. Para llegar a ser presencia, significa aceptar el riesgo de la ausencia”, afirma Antoine Saint Exupery en El Principito.
Escribió Léon Bloy: “El hombre tiene lugares en su corazón que todavía no existen, y para que puedan existir entra en ellos el dolor”. Y ese dolor nos amplía la capacidad de amar. Por eso, a veces, “no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido”. Y, muchas veces, podemos amar más cuando los que amamos ya no están con nosotros...
“¿Por qué el amor cuando lo pierdes duele tanto? Ya no tengo respuestas, sólo tengo la vida que he vivido.”, dice también Lewis. Y es así. Ante el misterio del dolor, sólo nos queda abrirnos a la vida, al amor y a la felicidad...

Sufrí y sufro mucho por amor. Sufrí por el no estar con Mary todavía, en su momento, entre agosto del 97 y febrero del 98. Y sufro por el ya no estar físicamente con ella, ahora. Pero valió la pena, y lo sigue valiendo. También duele, y mucho les aseguro, ver crecer a mis hijos sin su madre. Y tal vez lo que más me duela, en lo personal, es no poder envejecer juntos, tal como siempre soñamos, tal como tantas veces lo charlamos y deseamos. Pero cuando nos encontremos en el Cielo, volveré a recitar el Soneto de Bernárdez. Mientras, rezo cada día una oración que conocí un 14 de agosto de 1997, exactamente 21 años antes de la partida de Mary. Una oración que pegué en mi agenda del 98, también un 14 de agosto. Una oración que recordé de inmediato el 14 de agosto de 2018, y me sigue acompañando...

No llores si me amas…
¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras oir el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes,
los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!
¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo,
la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Créeme; cuando la muerte venga a romper las ligaduras,
como ha roto las que a mí me encadenaban,
y cuando un día, que Dios ha fijado y conoce,
tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a ver a aquella que te amaba y que siempre te ama,
y encontrarás tu corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme, pero transfigurada,
extática y feliz, no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo,
que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida,
bebiendo con embriaguez a los pies de Dios
un néctar del cual nadie se saciará jamás.
Enjuga tu llanto y no llores si me amas…
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
La muerte no es nada.
No he hecho nada más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo.
Tú sigues siendo tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne, ni triste,
sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,
sin énfasis alguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado,
¿Por qué habría de estar yo fuera de tus pensamientos?
¿sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos… tan solo a la vuelta del camino.
Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su ternura acendrada.
Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas.
Con todo mi cariño, con toda tu alegría. 


 

1 comentario:

  1. Es muy difícil hablar de Amor,xq Dios es Amor y nuestra capacidad no llega a tanto.Sea como sea la experiencia personal,estate seguro q ,cuando es verdadero,nos engrandece y hace capaz d cosas q nunca pensamos podríamos.
    Es lo que vos estás viviendo y tmb otros,aunque no se parezcan las circunstancias

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